Me acuerdo como si fuera hoy cuando el cura del Instituto Jorge Robledo nos decía que en la vida se puede pecar por acción o por omisión.
Cuando con sus ojos desorbitados y sus venas brotadas nos señalaba que incluso pecar por omisión era peor pues era no hacer algo, es decir abstenerse para que algo malo muy malo pudiera ocurrir.
Pero mientras ese mensaje parece que le llegaba a muchos de mis compañeros robledistas a otros esta lección no les caló tan hondo.
Y uno de ellos es Alvaro Uribe, el presidente que a pesar de haber desfilado por las mismas aulas mias parece estar muy distante a lo que nos predicaban los sacerdotes que él tánto dice seguir.
Lo que está ocurriendo en Colombia es un pecado por omisión. Que el elector no sepa si el actual presidente tiene la intención o no de lanzarse a un tercer período es algo que no sólo distrae sino que confunde al que va a votar.
Hoy los colombianos no saben con que o con quién contar. El daño a la democracia es cada vez más profundo pues el pueblo no sabe si tendrá que apoyar o no las políticas que hoy se siguen o si por el contrario tendrán que escuchar planes nuevos y frescos que tratan de buscarle una salida diferente al país.
Los seguidores de Uribe dicen que es lógico esperar que el pueblo apruebe o no en un referendo que le dé vía libre al tercer período para saber si lo quieren a él de candidato. Pero como podrán saber si es conveniente o no, si no lo pueden comparar con otras teorías diferentes a las de él.
Eso es igual a como si una propaganda de televisión le dice al que está sentado al frente de la pantalla que no compre nada porque lo que posiblemente se lance es de mejor calidad o a mejor precio.
Pero mientras el panorama siga así y el silencio siga imperando, los colombianos tendremos que seguir rezando para ver si en un futuro podemos salvar al país de tantos pecados de acción o de omisión.
Monday, 7 September 2009
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment